Esto no es un vídeo ni un guion escrito: es el asistente contestando de verdad, consultando una agenda real y reservando la cita. Dale a reproducir.
Una clínica que cierra el viernes a las 16:00 deja su WhatsApp solo 65 horas seguidas. Esta paciente, a las 22:40 de un domingo, no habría tenido respuesta hasta el lunes.
No es un «os llamamos mañana». Es una cita reservada un domingo por la noche, sin que nadie de la clínica toque el móvil.
Tratamientos, promociones, condiciones, qué hace falta traer: sale de lo que tenéis publicado en vuestra web y de lo que nos paséis. No hay debajo un listado genérico de «clínica dental».
Le piden un consejo y no lo da, ni suavizado. La política de WhatsApp Business prohíbe pedir o enviar información de salud, y quien se juega la cuenta es la clínica. Un asistente que opina sobre el dolor de un paciente es un riesgo, no una ventaja.
Aquí no los da porque esta clínica no ha querido cargarlos. Si preferís que sí —tarifas, una promoción, una financiación concreta—, se cargan y los da con vuestras palabras y vuestras cifras.
No hay franjas fijas: 15 minutos, 30, 45, una hora. Cada tipo de cita dura lo que tengáis puesto, y es con esa duración con la que busca el hueco.
La cita no se queda en el chat. Se escribe en el calendario de la clínica en el momento, con su duración real, y el lunes ya está ahí cuando abrís.
A las 13:45 quedaban 30 minutos libres y aquí la primera visita ocupa 60. No cabía, así que no se ofrecen. Busca con la duración de cada cita, no por franjas.
El evento dice Marta Requena — Primera visita. Nada
sobre su dolor ni sobre su estado. Son datos de salud y no tienen
por qué estar escritos en un calendario.
Ni una llamada que devolver el lunes, ni un post-it, ni una anotación pendiente de pasar a la agenda.
El hueco no se queda vacío. Se le ofrece solo al primer paciente de la lista de espera, por orden de reserva, y si no contesta en su plazo pasa al siguiente.
El hueco entra en circulación en el momento.
Se libera solo, sin que nadie de la clínica haga nada.
Esta es la más frecuente, y es la que se perdía. El asistente vigila el calendario: cuando una cita futura desaparece, da igual quién la haya quitado ni desde dónde, el hueco sale ofertado igual. Nadie tiene que avisarle.